Los recuerdos pueden ser dolorosos. Hay errores que
cometimos, cosas que sucedieron que hacen que cerremos los ojos de la pena o
del dolor cada vez que nos vienen a la mente. Entre estos están los recuerdos
de una relación que terminó mal. En un rompimiento siempre existe ese momento
cuando uno desea regresar a un estado en el que nunca conoció a la persona con
la que acaba de romper. ¿Qué tal si hubiera una manera de borrar esos recuerdos
y empezar de nuevo? ¿Cómo sabría uno que dentro de esos recuerdos no está una
pieza elemental de la persona? Si nuestra vida con nuestros recuerdos, ¿cómo
afecta nuestras vidas que de repente ya no tengamos esos recuerdos? Estas son
las preguntas que explora el director visionario francés Michel Gondry, junto
con el guionista Charlie Kaufman (Being John Malkovich, Adaptation) en el ahora
clásico de culto Eternal Sunshine of the Spotless Mind (el título viene de una
cita de Alexander Pope). Kaufman se hizo renombre con guiones de conceptos
originales que exploraba diferentes aspectos de la mente, incluyendo el proceso
creativo. Esta es probablemente su película más emotiva.
Joel y Clementine son polos opuestos hechos el uno para el
otro. Él es callado, penoso y no le da mucho valor a su vida, mientras que ella
es bien viva, espontánea (tanto que hasta su pelo cambia de color
constantemente) y algo pesada. Tuvieron una relación que duró un par de años y
luego cortaron. Joel la quiere de vuelta, hasta que se entera que Clementine se
hizo un procedimiento en el que le borraron todos sus recuerdos de él y ya ni
sabe quién es. Furioso y adolorido, Joel contacta a Lacunna Inc (la compañía
que hace este procedimiento) y pide que se lo hagan a él. La historia sucede
dentro de la mente de Joel en lo que vemos como le afecta este procedimiento y
como va re-descubriendo sus mejores recuerdos justo antes de perderlos y trata
de pelear contra el procedimiento cuando se da cuenta de lo que se está
perdiendo. El concepto es uno que invita mucha creatividad en el proceso de
filmar la película, tratando de averiguar cómo funciona la mente de Joel y
posicionándonos en lugares que quizás no tengan mucho sentido. Vemos una cama
en medio de una playa nevada, o a nuestros dos personajes principales bañándose
en un lavabo dónde no cabrían, pero todo esto tiene un centro emocional que
mantiene la historia centrada en sus temas.
Mucho de esto tiene que ver con las actuaciones. Viendo su
filmografía anterior a esta, uno no se imaginaría ni a Jim Carrey ni a Kate
Winslet interpretando estos dos papeles. Carrey en particular siempre fue
conocido por sus gestos y su comedia muy exagerada y aunque este no es su
primer papel dramático, es probablemente en el que se ve de lo más controlado,
otorgando un personaje completamente humano y de una energía muy baja (cosa que
seguro fue un reto para él). Por otro lado, a Winslet siempre la asociaban con
personajes más propios, aristocráticos y aunque ya había interpretado espíritus
libres, nunca uno de esta magnitud, una mujer que hace cosas por el simple
hecho de querer hacerlas. Se puede decir que Carrey y Winslet intercambiaron
personalidades, pero Joel y Clementine son personajes tan únicos que decir eso
sería simplificar las creaciones que logran estos dos. Aunque los dos tienen
trayectorias de muchos logros, en mi opinión esta es la mejor actuación de
ambos hasta le fecha. El elenco también incluye a Kirsten Dunst, Mark Ruffalo y
Elijah Wood como los técnicos del procedimiento que hacen sus propias aventuras
en lo que Joel está dormido y pasando por el procedimiento, y Tom Wilkinson es
el doctor que inventó el procedimiento y que tiene en sí un secreto.
El guion de Charlie Kaufman juega mucho con el tiempo, ya
que nos presenta escenas en un orden en el que no estamos seguros que es
cronológico. El prólogo parece indicar una historia cronológica, ya que nos
presenta a estos dos conociéndose por primera vez en un tren a Montauk, un día
que Joel decidió no ir a trabajar y persiguió a esta mujer con la chamarra
naranja y el pelo azul. Este prólogo nos dice bastante de estos dos personajes
y lo diferentes que son, pero hay suficientes detalles que nos dicen que algo
aquí está raro. Después de este prólogo, saltamos cuando estos dos ya habían
cortado, pero no estamos seguros exactamente dónde. Es necesario ver la
película más de una vez para tener clara la secuencia de la película, cosa que
le da a la película una cualidad que es muy valiosa para muchas películas, un
deseo de volver a verla y notar cosas. Aún así, la película no pierde su hilo
emocional y nos lleva a cosas aún más profundas cuando Joel trata de esconderse
en recuerdos dónde el procedimiento no encontraría a nuestros personajes
(recuerdos de su niñez y momentos humillantes de la adolescencia).
Ese hilo emocional es muy simple: el amor duele. No hay
manera de evitarlo, el amor es algo maravilloso pero muy doloroso. Es algo que
empieza con una chispa en la que todo es maravilloso y las dos personas creen
que son perfectas y perfectas el uno
para el otro, hasta que se conocen mejor y se dan cuenta que como todo ser
humano, tienen sus fallas. Hay romances que pueden sobrevivir esto y hacerlo
durar para siempre, pero la mayoría pasa por el dolor de querer a alguien,
armar una relación con ellos y luego llegan a ese momento en el que se hartan
del uno al otro. Entonces, ¿por qué nos enamoramos? ¿Por qué iniciamos
relaciones y las llevamos por toda esta miseria si sabemos que eventualmente
vamos a acabar lastimados? La conclusión de esta cinta (no les diré como
termina la historia, eso tendrán que averiguarlo) es que nadie sabe. Enamorarse
es inevitable y es doloroso, pero como los malos recuerdos que queremos borrar,
al final vale la pena vivirlos. 


